La Primera en el Peligro de la Libertad

La Primera en el Peligro de la Libertad
Una novela histórica sobre la guerra civil en Málaga Visita el website de la novela http://www.leonardocervera.eu

martes, 6 de marzo de 2007

Un artículo sobre la crueldad de los generales sublevados

Artículo tomado del blog "El pobrecito veedor", firmado por Pierre Miró:
La crueldad de los generales sublevados está fuera de toda duda. Discutir sobre este extremo sería absurdo. Lo que no se comenta tan a menudo, sin embargo, y conviene quizás recordar es que la crueldad de comunistas, socialistas y, sobre todo anarquistas, no se quedaba atrás. A veces parece como que unos eran "los buenos" y los otros eran "los malos" y la cosa no fue así: los dos bandos cometieron atrocidades por igual, para verguenza de España y de las ideales que ambos defendían.

Leonardo Cervera Navas








Por mi palabra de honor y de caballero que por cada víctima que hagáis he de hacer lo menos diez.

(Queipo de Llano, general golpista, 26 de julio de 1936)

En febrero del año 37 del siglo pasado se produjo la entrada de las tropas autodenominadas nacionales en Málaga. Todos los testimonios coinciden en que la huida de civiles y milicianos por la carretera de la costa son espeluznantes. Mujeres, niños y viejos, más indefensos por lo común, sufrían especialmente las consecuencias del fuego de los morteros que llegaba desde el mar y el de los aviones que, en vuelo rasante, ametrallaban sin piedad a los fugitivos.

En la ciudad, abandonada, espesas columnas de humo se alzaban sobre los restos de las casas derruidas por las bombas. La venganza de los facciosos sobre Málaga fue, para algunos historiadores, la más horrenda de toda la guerra: el embajador británico en Madrid informó al Foreign Office de que durante la primera semana de “liberación” de la ciudad, los nacionales fusilaron sin juicio previo a 3.500 personas y desde el 15 de febrero al 25 de agosto de 1944 otras 16.952 más fueron sentenciadas “legalmente” a muerte. El fiscal de los sublevados en Malaga fue Carlos Arias Navarro, de infausta memoria, más conocido como “Carnicerito de Málaga”, por razones obvias.

No está de más recordar la extrema violencia con que se condujeron, deliberadamente, los rebeldes. El general Queipo de Llano, en uno de sus mensajes a la prensa, el 24 de julio de 1936, decía claramente: ¿Qué haré? Pues imponer un durísimo castigo a esos idiotas congéneres de Azaña. Por ello faculto a todos los ciudadanos a que, cuando se tropiecen con uno de esos sujetos, lo callen de un tiro. O me lo traigan a mí, que yo se lo pegaré.

Por su parte, el general Mola, en instrucciones previas al golpe decía: Se tendrá en cuenta que la acción ha de ser en extremo violenta para reducir lo antes posible al enemigo. El día siguiente al golpe continuaba: Hay que sembrar el terror… dejar sensación de dominio eliminando sin escrúpulos a todos los que no piensen como nosotros. Y, finalmente, concluía: Yo veo a mi padre en las filas contrarias y lo fusilo.

Por último, otra figura siniestra fue el teniente coronel Yagüe, célebre por la matanza de la plaza de toros de Badajoz. Desde las primeras horas de la mañana del 15 de agosto de 1936, se emplazaron ametralladoras en las contrabarreras del toril que abrieron fuego sobre la multitud de hombres y mujeres allí concentrados: republicanos, socialistas, comunistas, anarquistas y simples hombres de campo, jornaleros, campesinos y demás paisanos fueron cayendo tronchados por el fuego de las ametralladoras. Según algunos testimonios, hubo moros y falangistas que bajaron a la arena para jalear a los prisioneros, como si de reses bravas se tratase. Las bayonetas, a modo de estoque, eran clavadas en los cuerpos indefensos de los campesinos con el beneplácito de jefes, oficiales y suboficiales. Luego abrían fuego las ametralladoras; los cuerpos eran retirados en camionetas y carretas y el ruedo comenzaba a llenarse de nuevo.

Setenta años después, la ciudad de Málaga rinde este mes homenaje a las víctimas de “la desbandá”, como fue conocida la huida hacia Almería. Un testimonio directo me fue transmitido hace mucho tiempo sin rencor ni resentimiento y me sirvió de enseñanza para no olvidar nunca con quien nos jugamos los cuartos, que, como decía León Felipe, en todas las épocas son los mismos hombres, las mismas guerras,/ los mismos tiranos, las mismas cadenas,/los mismos farsantes, las mismas sectas. Para contrarrestarlos, queda la esperanza de que, como también concluye el escritor zamorano, siempre existirán los mismos poetas.

Pierre Miró escribió este post el 23/2/2007 a las 8:02 am y está archivado en Política.

No hay comentarios:

Una novela histórica sobre la guerra civil en Málaga

Una novela histórica sobre la guerra civil en Málaga
Visita el website de la novela